CHAU SANDRA OTHAR.

CHAU SANDRA OTHAR Por Marcelo Jaureguiberry

Paseo por la página en blanco; aún no tengo alguna poesía para engañar la despedida.

No sé cómo es: hay un arroyo, el Chapaleufú, y una calle, Moreno, entre Bolívar y Coronel Suárez, allá por 1966 más o menos, en Rauch, mi pueblo.

Jugábamos a la pelota y teníamos una pista de autos en la vereda de la verdurita de Arcuri y lo de Irulegui, un señor que arreglaba fuentones rotos y todo objeto de metal dañado en la esquina de Coronel Suárez y Moreno.

Los que recuerdo en esa pista eran unos autos hechos de chapa y madera: Juan Arcuri, su primo Horacio Zaratiegui, Héctor Facio y Gustavo Othar. Sandra Othar, que leía en el Citroën de su papá.

Distante, intrigante, ella era una niña que observaba. Pero esa es la estampa para comenzar algún relato poético para engañar la despedida.La Lela y el abuelo Zaratiegui, los peluqueros D’Ambrosio, Coca Noguera de Erro, eran algunos de los vecinos que custodiaban la cuadra y la escena.

El recuerdo me ayuda a posponer hablar de lo que tengo que hablar. Y tengo urgencia de exorcizar esta despedida con los momentos felices.

Allí, en ese primer acto, hay una niña y mi postal es Sandra, sí, Sandra Othar, que acaba de decidir viajar a otro plano el pasado 10 de abril.

Eso. Mi escritura se revela y me deja en blanco. Muy diferente al espacio en blanco que me dejó, repleto de colores y que en los últimos tiempos pintaba flores.

Se pintó sus flores para la despedida a toda orquesta, la vasca Othar, me dije. En su conjuro no avisó —nunca avisó de nada, era su estilo— que se iría calma, y que esa calma, intrigante y cuestionadora, me dejaría un papel en blanco que tengo urgencia en llenar de palabras para terminar con el ritual.

¿Pero cuál es ese ritual? Me pregunto. ¿Cómo es?¿Alguien tiene claro cómo es el ritual de la despedida para una inclasificable? Porque ella era una especial, una diferente con todas las letras, y tengo el compromiso de despedir a una fuera de serie.

Después están otras postales: grupo Confluencia en la cultura de Rauch, algunos recitales de poesía, exposiciones en la Biblioteca Guido y Spano, la creación del grupo teatral Caminito con la puesta en escena de la obra En familia de Florencio Sánchez, con las actuaciones de Maricha Cabot de Vizcay, Osvaldo Vizcay, Paco Escribal, Liliana Betervide, Marisa Recio, Mariel Bugiani, Jorge Rosales —era un niño—, Marcelo Jaureguiberry, con escenografía de Sandra Othar.

La pasión creativa y el teatro eran nuestro sello, y esa pasión que no tenía bordes ni límites, para ella y para mí, fue la pulsión vital.

Y me es difícil, a tanta vida construida, implosionarla en este adiós, en este, mi texto para despedirla para la prensa del pueblo.Viajamos en mayo del año pasado a Machu Picchu, Perú.

La magia de la energía de los ancestros americanos nos puso frente a frente en el Valle Sagrado, y en Ollantaytambo se nos reveló la vida.

Ahí sentimos que nos habíamos transformado y agradecimos a la vida tenernos, pero sentí que habíamos despedido algo: lo que habíamos sido antes de ese viaje, los viajes anteriores y alguna mirada en espejo que nos reconstituía en hermanos de la vida.

Hoy me doy cuenta de que también habíamos cumplido un ciclo y estábamos conectados en otro plano. Lo pongo así porque eso nutre la despedida y resuelve mi cobardía de pensar que esto es abandono; y me maldigo por pensar así. Sé que ella era más fuerte que yo y se atrevió a un viaje a otro plano, dejándome en el vértice de pensarme solo. Yo aquí… sin palabras.

Tendré que ir a Perú, me digo, o a Mar del Plata a abrazarme con Lisandro, Violeta y Catalina —sus hijos— y Meli —su amiga—, o en alguna ruta; eso sí que te gustaba: una carretera sin destino.

Claro, en tu coche, el viaje era su meta.No sé, aún estoy en vacío. Recorro el WhatsApp, veo sus últimos dibujos, sus flores, y me encapricho en recordarla barroca, sinuosa, clara en colores y firme de convicciones.Chau, Sandra Othar… No tengo más poesía para esta despedida. Solo me queda la herencia de contar quién eras y honrar tu nombre.

Llevaré la exposición sobre tu obra escenográfica y pictórica al pueblo. Te lo prometo, ya lo habíamos hablado.

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